martes, 30 de junio de 2015

Hacienda, promotora de la informalidad







 Este primero de julio entra en vigor el impuesto a los alimentos procesados en tiendas de conveniencia y pequeños comercios, que además de ser una violación a la promesa oficial de que no habría nuevos impuestos “por lo que resta del sexenio”, es un monumento al comercio informal, que tiene desde ya más incentivos para no hacerse formal.

Entiendo (no avalo) que ante la precariedad de los ingresos fiscales y la caída en los precios internacionales del petróleo, el gobierno optara por impulsar una reforma fiscal lesiva para la clase media y empresarial del país. Recurrió a meter la mano una vez más al bolsillo de la pequeña base gravable nacional, sin hacer absolutamente nada para ensancharla.

Los resultados están a la vista: buenas noticas en materia de recaudación, pues nos informan con alegría que los contribuyentes pagamos en cinco meses un millón 43 mil 384 millones de pesos, lo que equivale a un 57.7% de los ingresos tributarios previstos para este año, un 28.5% más que en mismo lapso de 2014.

Dinero que, vale decirlo, se tuvo que entregar al gobierno en vez de dedicarlo al consumo, a la inversión o a la creación de empleos bien remunerados y con prestaciones sociales. Dinero que se va a ir seguramente al Partido Verde, a la casa blanca o a la de Tlalmanalco, a OHL o a gasto corriente, que no de inversión.

Una pequeña empresa no tiene ningún incentivo para abrir un nuevo puesto de trabajo, pues el costo laboral, así planteado, es enorme. El que no despidió, cuando menos no creará.

Y luego nuestras autoridades se extrañan de que se les reclame que el país crece de manera inercial y sólo marginalmente. No basta con tener finanzas públicas sanas, hartas reservas internacionales e inflación controlada si no hay crecimiento; si no hay prosperidad en la población. El dogma económico siempre ha estado por sobre la realidad nacional.

El impuesto a los alimentos procesados (despectivamente llamado por algunos medios como el Impuesto Godínez) manda la señal equivocada en el momento más inoportuno.

 Lejos de las campañas radiofónicas de que “nos conviene ser formales, viejo”, es la confirmación de que ahora es mejor alejarse de Hacienda, simular transacciones, no dar factura, no pagar con tarjeta, cheque o cualquier otro instrumento que deje huella fiscal, comprar a quien no paga impuesto porque vivir fuera del PIB es más barato, comprar piratería es ahorrar.

Se sigue estirando la liga social. Se juega con fuego.

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