lunes, 8 de junio de 2015

Elecciones: la transición de los medios en Querétaro y Nuevo León



 Los medios ya no son lo que eran. Antes, el solo poder de la televisión y de los medios impresos lograban modificar tendencias, imponer candidatos, vetar personajes, prestigiar o denostar ciudadanos.

Hoy, siguen teniendo influencia, pero al parecer ya no la última palabra, y deben compartir su poder con actores mediáticos emergentes, investidos de mayor credibilidad por las personas.

Tomemos dos ejemplos de los comicios del domingo: Querétaro y Nuevo León.

En ambos estados el manejo de la comunicación política ha sido, en términos generales, vertical y unidireccional, con férreo control gubernamental, lo que sin embargo no fue suficiente para que los candidatos del stablishment triunfaran.

En Querétaro basta hacer un recuento de la prensa local en los últimos dos años para darse cuenta del grado de docilidad de la misma, la ausencia de un  periodismo serio de investigación estatal, donde algunos medios incluso se refieren con bonhomía al gobernador como “PP” (Pepe Calzada) y con un respeto irrestricto a los boletines oficiales.

La disidencia periodística ha sido fuertemente criticada por el gobernador José Calzada y su gabinete, al grado de haberse conocido una grabación en la que se escucha al secretario de Gobierno, Jorge López Portillo Tostado, ordenar romperle la madre a un comunicador por abordar el tema de la inseguridad. El operador de tal “línea editorial vertical” fue el coordinador de Comunicación Social, Abel Ernesto Magaña Álvarez, quien presumía de tener a la prensa local bajo su control.

La crítica a los panistas fue constante y el ensalzamiento del priísta Roberto Loyola como “futuro gobernador” fue respetado por directores de periódico locales con total obsecuencia, bajo el argumento de que era la única manera de obtener publicidad oficial, la cual, por cierto, sólo fluyó de manera significativa hacia algunos medios selectos.

Aun así, la campaña no prosperó: el PAN ganó y los medios han quedado en entredicho, mostrando las limitaciones de su poder de influencia en una sociedad queretana cada vez más enterada, con opciones de información que superan con mucho los limitados tirajes de los periódicos locales, que suman apenas unos cuantos miles.

Lo peor es el golpe de credibilidad a dichos medios, cuyo oficialismo quedó en evidencia, perdieron confianza ciudadana, no ganaron dinero, no lograron que el candidato oficial triunfara y se quedaron además con la urgencia de recomponer sus relaciones con el nuevo gobierno. En pocas palabras, un desastre mediático.

En Nuevo León  se vivió la que tal vez fue la campaña electoral más cargada de todas. El temor de perder la gubernatura mostrado por el gobierno estatal, el PRI nacional y del gobierno federal se tradujo en tres meses de guerra sucia en contra del candidato independiente Jaime Rodríguez “El Bronco”.

El uso de casi todos los medios fue evidente, la manipulación de las encuestas estuvo a la orden del día (dato deducible por el resultado final), la difusión de grabaciones y videos alcanzó espacios nacionales estelares, el golpeteo de los periódicos locales (salvo El Norte, de Grupo Reforma) fue constante, cotidiano y en algunos casos hasta burdo (como alguna nota en El Horizonte que explicaba “científicamente” la compulsión del “El Bronco” a mentir).

El último día en que se podían difundir encuestas,  el telediario local de mayor audiencia  dedicó casi 15 minutos (que en TV es muchísimo) a una encuesta en la que la candidata del PRI tenía la ventaja asegurada, y el conductor de noticias descalificaba con sus gestos a quienes no creían que Ivonne Álvarez era la puntera. Todo un cuarto de hora con los resultados en pantalla, sin moverlos.

Nada sirvió. Ganó el candidato independiente. ¿Por qué no funcionó la embestida de casi todo el aparato? ¿Qué no conectó de dicha estrategia con el electorado?

Como en Querétaro, los medios tradicionales mostraron sus limitaciones y desgaste. Ni siquiera una andanada de tales dimensiones pudo mover mucho la preferencia del electorado.

Esto no quiere decir que nadie les crea ni que están muertos como influenciadores, sino que han perdido poder, el cual se ha trasladado a otros sitios con mayor credibilidad, acaso verdaderamente plurales, más pequeño pero por lo mismo con más influencia.

Se percibe un proceso similar como el que en su momento la Iglesia sufrió al dejar de influir en la sociedad imponiendo candidatos o políticas públicas conforme la sociedad se fue secularizando.

Es necesario para los políticos entender la lógica de los nuevos medios emergentes: Twitter, portales de noticias, blogs, Facebook, que mientras más ajenos al mainstream media mejor, con líderes de opinión nativos digitales, con movilidad informativa, con cercanía ciudadana.

No hay que idealizarlos porque también tienen mucho ruido y problemas propios de rigor, pero es un hecho que son una opción real para la información de las personas.

También es justo señalar que el hecho de que campañas mediáticas o  la sujeción oficial de prensa y multimedios no hayan hecho mella en el electorado habla bien de la salud democrática de la nación, pues refiere a una ciudadanía más pensante por sí misma.

También prestigia al aparato electoral que respetó la voluntad popular.

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